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En estos tiempos de pandemia no es raro ver casos de familias que perdieron un familiar, hablamos de viudas (os), huérfanos o padres que perdieron a sus hijos. Hoy el mundo está de luto, las pérdidas son numerosas, el dolor también, no hay manera de calmar el dolor, en este artículo queremos orientar en el manejo del duelo cuando se trata de un niño, cuando es uno de los padres es que partió, una partida sin adiós, una pérdida inesperada, un vacío sin respuesta.

Es importante considerar que dependiendo de la edad, el niño necesita tener una explicación, una verdad, no podemos tapar el sol con un dedo y mucho menos hacer como si nada hubiera pasado, los niños pueden comprender y asimilar la muerte de diferente manera según la etapa de desarrollo en la que estén, debemos asegurarnos de decir las cosas de manera clara y sencilla, previo a ello es necesario una descarga emocional que permita poder contener al pequeño  para que aún abrazándolo  en su llanto, podamos llorar con él quizá, pero sin perder el control de la situación.

Mencionaremos algunas acciones que debemos evitar:

1- Ocultar la muerte

La muerte no se debe ocultar, el niño necesita saber la verdad para pode decidir si se despide o no en lo posible, decidir por él cuando está en condiciones de hacerlo podría dejarlo con una negación de la pérdida, no obstante debemos considerar primero su integridad física y emocional para no ponerlo en riesgo, aún así es importante que se despida ya sea de manera física o simbólica.

2- Fingir que no pasó nada y todo seguirá igual

Ante una pérdida, la carga emocional es demasiado grande, muchas veces en afán de cuidar al menor, se intenta mantener las cosas como si no pasara nada, sin embargo, parte del proceso de duelo implica también readaptarnos e iniciar una historia nueva, historia donde faltará un personaje central. Es cierto que la vida continúa y muchas cosas siguen su curso, sin embargo, existirán rutinas o hábitos que ya no podrán continuar, por ello, podemos generar nuevas actividades en los espacios que antes se compartían con el padre que partió.

3- Pedir que no llore

Una pérdida tan grande de manera natural causará dolor, lo sano corresponde a la expresión del mismo, por lo tanto, que el niño o familiar llore, será totalmente sano y natural, podemos acompañarlos en su dolor y si ese dolor es compartido, podemos abrazarnos envueltos en el mismo sentimiento, dando y sintiendo el confort de la comprensión y compañía en ese momento.

4- Esconder la tristeza o el llanto del adulto

Es cierto que las emociones se comparten, ver llorar a alguien que queremos nos sensibiliza, sin embargo reprimir o esconder el dolor, muchas veces podría ser tomado como un modelo en el que la expresión del dolor se convierte en algo inadecuado, lo que llevaría al niño a reprimir su emoción.  Es importante hablar sobre la tristeza que sentimos en familia, entender que es posible que cada uno sienta deseos de llorar, algunas veces solo, otras acompañado, pero no se trata de algo malo, por el contrario, normalizar la posibilidad de ver algún familiar triste o llorando, será algo muy posible de encontrar especialmente en los primeros meses. Si enseñamos a los niños a mantener un respetuoso silencio y espacio para quien está expresando su dolor, podemos enseñarles también a validar su tristeza cada vez que sea necesaria hasta que se termine el proceso del duelo de manera saludable.

Finalmente, podemos elegir apoyarnos en la espiritualidad dando un mensaje de trascendencia, descanso y paz para el ser que se fue, de manera que el niño no cree ideas de sufrimiento para el ser querido. Convertirlo en una estrella o un ángel del cielo suele ser una idea bastante reconfortante sobre la muerte para algunos pequeños.

Psic. Sarela Quiroz C.
Psicoterapeuta
Directora general del centro Yo Puedo
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