En estos tiempos, muchas personas están pasando por un proceso de duelo, lo que conlleva emociones que, en algunos casos, pueden ser difíciles de llevar por su complejidad, más aún para los niños. Entonces, ¿debemos dar la noticia del fallecimiento de una persona cercana a nuestro niño(a)?, ¿se dan cuenta de lo que sucede?, ¿cómo responder sus preguntas?

Hasta los 6 años, nuestros niños y niñas tienen la creencia de que ellos y sus seres queridos vivirán siempre, no pueden imaginar que cuando mueran no estarán, o que, si fallecen, esto se puede revertir. Además, hay un pensamiento mágico, por ejemplo, creer que por una mala conducta el familiar falleció, lo que puede traer consigo sentimientos de culpa y temores, los que a su vez los pueden llevar a un retroceso en su aprendizaje. Por ello es tan importante conversar con ellos y resolver sus dudas.

  • Dar la noticia oportunamente.
    • Darles la noticia lo más pronto posible, con honestidad.
    • Prepárese antes de la conversación, piense en lo que dirá, cómo, en qué momento y lugar.
    • Busque un momento de calma, en el que pueda brindar toda su atención al niño(a).
  • Relato de los hechos. Inicie desde lo que el niño o niña conoce, por ejemplo, el hecho de que el abuelito estaba enfermo. Tómese su tiempo para contar lo sucedido, dando la información con pausas, de manera que el niño(a) pueda ir procesando la información y haciendo preguntas.
  • Lenguaje claro de acuerdo a la edad.  Evitemos utilizar las frases “se fue volando al cielo”, “nos ha dejado”, “se ha quedado dormido” u otras similares. Frases como éstas pueden generar temores a irse a dormir, por ejemplo, porque puede que no despierten más, o temores a la separación de los padres. Por ello, lo mejor es utilizar lo siguiente:
    • Explicar que el familiar que se encontraba muy mal de salud, ha muerto, que ya su cuerpo no funciona y no lo podremos ver más.
    • Validar sus emociones y permitir que las exprese.
    • Expresar que para nosotros también es difícil y nos sentimos tristes/enfados/asustados.
  • ¿Cómo ayudarlos?
    • Hacerlos partícipes de los rituales, ayudándolos a darse cuenta de la pérdida y ausencia de la persona.
    • Mantener en lo posible las rutinas.
    • Dejar que se exprese en sus emociones y dudas, acompañado por un adulto cercano.

Algunas señales a las que debemos prestar atención respecto a sus cambios en intensidad y duración son las siguientes:

  • No pueden realizar conductas que ya se daban de manera autónoma.
  • Llantos que no cesan.
  • Miedos o fuertes temores que no estaban previos al fallecimiento.
  • Insomnio o pesadillas recurrentes.

Ante una situación de pérdida, lo habitual es que el duelo se resuelva de una manera adecuada y sin dificultades. Sin embargo, si observamos estas señales será importante consultar con un profesional.

Centro Yo Puedo

Psic. Andrea Tejeda
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