Quién no ha sentido esa extraña sensación en el pecho, ese nudo que no sabemos descifrar, esa sensación de angustia o ansiedad, ese nerviosismo que nos altera o agota, que nos hace perder el sueño, que nos hace pensar en medio de la madrugada, que nos atemoriza haciéndonos crear escenarios extremos sobre lo que viene o sobre lo que nos depara el futuro, alguna de estas sensaciones se te han hecho familiar o has experimentado alguna situación similar en mayor o menor intensidad, especialmente en los últimos meses en que nuestra vida cambio con el inicio de la cuarentena, en que todo lo que teníamos supuestamente seguro ha cambiado y aspectos tan importantes como la salud, la familia o el trabajo se ven vulnerables a casusa de la pandemia pues es importante reconocer que todas esas expresiones son parte de un estado ansioso desencadenado por la incertidumbre.

La incertidumbre siempre ha estado presente en nuestra vida, ya que está relacionada con nuestra necesidad de prever o tomar control de las circunstancias futuras, anticipando las adversidades para sentir la seguridad que podemos afrontarlas de la mejor manera, aunque el grado en que se manifieste va a variar expresándose en nuestro comportamiento con diferentes matices, debemos ser conscientes de que para algunas personas la incertidumbre es manejable y que para otras es insoportable.

La persona que la experimenta debe actuar inmediatamente para reducirla, hasta que se encuentre en los parámetros aceptables para ella misma, buscando una respuesta rápida a una situación que tiene un escenario confuso y ambiguo, propiciando un freno mental y emocional (cierre cognitivo) que regula sus estados de ansiedad.

Cabe resaltar un aspecto muy importante y que podemos usar a nuestro favor y es que la incertidumbre nos lleva a la acción, nuestra necesidad de calma, nos lleva a la motivación de no quedarnos estáticos, dedicamos muchos recursos cognitivos (pensamientos, concentración, inteligencia, procesos de aprendizaje) para resolverla, más aún si nuestra tolerancia es baja; el punto de inflexión es cómo vamos a manejar está motivación y el uso de nuestros recursos, por ejemplo en el contexto actual algunas personas pueden estar alimentando constantemente su preocupación con información sobre los casos de contagio o sobre las personas que han perdido a sus seres queridos o sus trabajos, buscan información para encontrar calma, pero encuentran más ansiedad y desesperación, pero por otro lado existen personas que en condiciones difíciles, ya están viendo qué recursos tienen para salir adelante y a pesar de que puedan tener días grises, buscan auto motivarse y orientarse a trabajar sobre las cosas de las que sí tienen control.

No tenemos control sobre los contagios, pero si tengo control sobre mi capacidad de cuidarme y cuidar a mi familia o a mi entorno más cercano, no tengo control sobre la posibilidad de perder el trabajo, pero si tengo control sobre la forma en que lo voy a afrontarlo, tengo control sobre mis emociones, capacidades, habilidades y busco opciones abriéndome a todas las posibilidades, siendo flexible y positivo.

Por ende, es vital el enfoque y que adoptemos una posición, decidamos qué vamos a hacer con la motivación que nos genera la incertidumbre, la utilizaremos para provocarnos estados ansiosos, de estrés y de mayor desgate emocional o la usaremos para buscar soluciones, trabajar para salir adelante y adaptarnos constantemente. Debemos de concentrarnos en el presente, ya que nos brinda el momento para actuar, porque nos permite centrarnos en lo que realmente está a nuestro alcance y pasar a la acción.

Quiero dejarte unas recomendaciones para que puedas controlar la incertidumbre y usarla a tu favor:

  • Deja de consumir información que alimente tu preocupación, es importante estar informado, pero debemos hacer un filtro de la información que revisamos.
  • Limitar los grupos de chats que difunden noticias, muchas de ellas falsas o erróneas ya que promueven pensamientos negativos y catastróficos y le imponen a nuestra mente un sobreesfuerzo.
  • Enfoca tu energía en hábitos más positivos, reemplaza los comportamientos que generan ansiedad por otros más saludables y que te entreguen verdadera calma.
  • Haz una lista de todas las cosas o recursos que tienes a tu favor, si no es posible encontrarlas todos los días vuelve a revisar la lista y agrega más a la lista original y agradece cada día por ellas.
  • Toma control de las cosas que están a tu alcance, tu cuidado personal o medidas de desinfección, mejorar tus habilidades, buscar información que te haga aprender, te enriquezca o te ayude a buscar soluciones.

Psic. Rosa Tenazoa Ronceros
Psicóloga psicoterapeuta
Centro Yo Puedo