Se acercan las fiestas de disfraces, quizá esta vez no veamos a los niños caminar con sus disfraces por la calle, pero es posible que podamos ver todavía fotos de muchas personas disfrazadas de variados personajes.

Una forma de conocernos es a través de las proyecciones, pues se trataría de una situación inconsciente donde podemos mostrar nuestro interior, o lo que está teniendo protagonismo en nuestra vida, de esta forma, si analizamos la razón por la que elegimos determinado disfraz, veríamos que ello tiene que ver con nuestros deseos inconscientes. La identificación con determinados personajes podría darse cuando se perciben cualidades que admiramos o anhelamos y/o que posiblemente consideramos que carecemos o que queremos potencializar ya sea por parámetros sociales, prototipos, expectativas, etc. Lo real es que existe una determinada característica personal que podría tener un espacio de expresión en  una noche de disfraces.

Si nos ponemos a analizar, a la hora de elegir un disfraz, buscamos un personaje que ya sea encantador, tierno, dulce, sensual, agresivo, etc. Lógicamente debe gustarnos para querer mostrarnos así, ya que será el rol que tendremos una noche de fiesta. Ahora bien, pongámonos a pensar en cómo disfrazamos a nuestros hijos, buscamos algo divertido, tierno, aterrador o monstruoso, pues es posible que en la elección del disfraz para ellos, también encontremos la forma en cómo los vemos o los tratamos, es posible que el disfraz tenga que ver con la percepción que tenemos de nuestros pequeños y en cierta forma, en lo que indirectamente estamos induciendo a nuestros hijos, así entonces si disfrazo a mi pequeño del conejo de pascua, veremos a un niño juguetón y tierno, mientras que si disfrazo a mi pequeño de Chucky, es posible que vea a un niño, hostil, sin normas y posiblemente agresivo, más aún si le ponemos un cuchillo o un arma en la mano como parte del disfraz.

Cuando eres un adulto, en teoría debiste pasar por el proceso de madurez que permitiría diferenciar lo permitido de lo no permitido, lo real de lo imaginario, de esta forma, todo termina cuando el adulto se saca el disfraz. En el niño esto no funciona de la misma manera, por lo tanto, los invito a analizar su disfraz para ser más conscientes de sí mismos y sean más conscientes del disfraz que quieren colocarle o pidan sus hijos, sabiendo que ellos están formándose y hay muchas cosas que debemos cuidar por la manera inevitable en que podemos  influenciar en el comportamiento de los niños y sin saberlo estaríamos  haciendo de ellos, ese niño que en el fondo tememos o queremos evitar.


Lic. Sarela Quiroz
Psicóloga Psicoterapeuta.